Miro las entradas antiguas de este humilde blog y veo que muchas (demasiadas) las ocupo en hablar del tiempo. De lo mucho o de lo poco que llueve, del frío siberiano o del calor inmisericorde...
En mi descargo podría decir que el tiempo atmosférico, la climatología, es una variable fundamental para el día a día del viticultor, recordar aquello de que
el vino es posible gracias a la generosidad de la tierra, la complicidad del clima y el esfuerzo del hombre.
Pero no. Al menos en mi caso creo que se está convirtiendo en una especie de conversación de ascensor: insustancial, aburrida, llena de clichés. Por eso hoy solo voy a dejar constancia, de pasada, de mi asombro ante la cantidad enorme de agua recogida desde el 29 de septiembre. Contando los 60 mm largos de este fin de semana llevamos cerca de los 350 litros/m
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Nada, ya estamos otra vez. Fuera las dichosas lluvias. . La novedad de este fin de semana ha sido que hemos probado los primeros
guíscanos de la temporada, en un espectacular gazpacho manchego con conejo y codorniz. Me disculparán por volver al tema, pero confío en que los hielos se retarden unas semanas y disfrutar un poco más de este placer sencillo otoñal de las setas ...